Plato del día: ensalada de pasta y huevo duro. Precio especial para menores indigentes
Creo que ya he hablado de esto en alguna ocasión. Una de las características de esta estancia, de este viaje es aprender a vivir sin rutina, en cuanto crees que la has pillado… zas!!!! se fue, queda rota … no hay un día similar al anterior, en cualquier momento pasa algo que lo hace especial, diferente…. Y eso te hace vivir con todos los sentidos y sentimientos en alerta…
Si existe cierta cotidianidad en el paisaje: la pobreza extrema de los niños y adolescentes que viven en la calle; la presencia de UN con sus brillantes cascos azules y sus coches blancos, los jeep cargados de armas y las más vistosas, las tanquetas; los multitudinarios tap-tap o el transporte púbico…perdón público…(siempre me pasa lo mismo) que llenan esta ciudad de color, bocinazos, gritos preguntando el lugar de destino y frenazos que no siempre acaban bien; el mercado inextinguido, que cada día se vuelve a ocupar con diez o veinte vendedoras más, volviendo a su ser poquito a poco, como para que no nos demos cuenta, para que no se den cuenta; los coches de las insignes organizaciones internacionales que transcurren por las calles de arriba abajo y de abajo a arriba, siempre con urgencia y autoridad; las toneladas de basura que generamos a diario; las calles atiborradas de gente a todas horas, …pero esto es sólo el escenario.
Lo que ocurre-ocurra dentro de este escenario es imprevisible.
Hay unos cuantos (muchos, demasiados) niños y no tan niños (de los 8-
9 a los 12-13 años) que viven en la calle, ya me conozco a alguno. Y utilizo la palabra “niños” y no “niños y niñas”, porque niñas… no hay ninguna. Se ganan la vida intentando limpiar coches, pidiendo o, si el día se da peor, robando…
Los que ya conozco, como me pasa también cuando cruzo la frontera, saben que no les doy nunca dinero. Ya lo saben y es más, cuando llega uno nuevo y me pide dinero, antes de yo poder abrir la boca ya se lo dicen entre ellos, no hace falta que le vuelva a explicar… Y cuando puedo les saco un zumo del super o unas galletillas y me pego con ellos una pequeña charleta.
En una ocasión y siendo ya de noche, no tarde pero si oscura, salía de encontrarme con un español que no tenía coche y volví a pie a casa…no estaba lejos y tampoco era tan tarde, como las 19:30… y alguno de estos chicos me encontraron andando sola por la calle. Por supuesto no lo permitieron y fui hasta casa acompañada-escoltada por tres de ellos, ninguno en altura superaba mi hombro pero ha sido uno de los días que más segura he ido por la calle….

El otro día, entraba en un lugar que tiene una zona de aparcamiento previa al local y desde la puerta uno de ellos me reconoció (como reconocen a todos los blancos) me saludó y en la distancia me dijo que tenía hambre… (siempre tienen hambre). No pueden entrar en ese área, los guardias les pegarían de patadas hasta sacarlos de nuevo a su sitio, a la calle y escudándome de esa distancia, le devolví el saludo, le deseé buenas tardes pero nada más… Lamentablemente aprendes a vivir, a sufrir cada día, entre gente que tiene hambre sin que te desgarre el alma (siempre tienen hambre…)
Una hora y media más tarde cuando me dejaron en la puerta de casa, el mismo chaval (unos 10 años) volvía a estar allá. El mismo, con la misma camiseta azul raída y descolorida, con la misma sonrisa triste. Entonces ya cerquita me volvió a saludar y sin dejarme decir nada me dijo que no había comido nada ese día, que tenía hambre (siempre tienen hambre…) y le volví a decir… “sabes que no doy dinero, a nadie… “ y sin dejar ni un nanosegundo de pausa entre mi palabra y la suya…me pidió que subiera a casa y le bajara algo….(siempre tienen hambre…)
Le dije que me esperara, subí, llené un platito de plástico de ensalada de pasta, le añadí un huevo duro, una servilleta de papel, un tenedor de plástico, una bebida y bajé. Allí estaba esperándome… nunca una ensalada de pasta me ha sabido tan rica… El precio del menú: un beso.
Y este pequeño relato no pretende presentar un acto de caridad mísera como tantos otros que podemos realizar a lo largo del día los privilegiados que comemos todos los días, si no que lo que pretende es mostrar que este pueblo no pide sin razón en contra de lo que podemos llegar a pensar en otras muchas ocasiones. Los que piden sin mesura…. comen todos los días. Los que piden comida…. tienen hambre… siempre tienen hambre y siempre son los mismos. Aproximadamente dos millones de personas en esta bendita ciudad… más de cuatro millones en este bendito país… siempre tienen hambre.
Comentas experiencias duras con exquisitez y dulzura; tiene que ser muy fuerte escuchar “tengo hambre” y responder “adiós” con sonrisa en el rostro y el alma herida por dentro. No creo que conviviendo con el hambre se pueda hacer cayo de verdad con un corazón tan grande como el tuyo, Olga. Aún cuando te cabreas eres tierna como un pan bendito.
Y aquel chico, que tenía fe y esperanza cuando esperaba al pie de tu casa, te ganó la batalla de la caridad, del amor. ¿Cómo no se te va a querer?.
Confesaré que mientras leía los últimos párrafos se me venia un nudo a la garganta y los ojos se humedecían más de lo habitual.
Si es cierto que la emoción y tristeza no sacian el hambre de los chicos que ves cada día, también es cierto que tus reflexiones estimulan la capacidad de observar a nuestro alrededor, pudiendo decir, de entrada, “qué suerte tenemos”. Y eso a pesar de la que empieza a caer en el mundo desarrollado, donde todavía comenos tres veces diarias, aunque sea de tupper y microondas o lo sobrante del día anterior.
Todo lo que cuentas es importante y se puede interiorizar para incorporar actitudes nuevas a nuestra vida. Gracias, Olguita. Tres besos desde el otro lado del charco.
Gracias por estar ahí, gracias por acompañarme en este viaje… estas palabras escritas en un sencillo “comentario” no sabéis la fuerza que me dan, la fuerza que me otorgáis… todos, los de L&A, los de A&L y los anónimos… que capullos-as!!! pero gracias… Todo lo descrito, lo presentado, lo confesado ….soy yo, sois vosotros, vosotras… pero sobre todo alumbráis mi camino. No hubiera andado por acá sin vuestros pasos… GRACIAS!
En esta vida de prisas que nos llevamos por aqui, me tomo unos minutos para leer tu blog…nunca me animé a poner un comentario hasta hoy….
pero siempre me dejas con el corazón pensativo, ….
dias atrás nos ha vistado Mario Serrano, y te sentimos aun más cerca,…ojalá! que te llegue el abrazo que te envio desde el corazón, de la pequeña Murcia.Mari Carmen
No se que decirte, esa sensaciín es la que tengo casi todos los días… la mirada conteniendo el dolor que le provoca lo que ve… pero que bien describes la diferencia entre la misería y la injusticia. Un abrazo desde Chile