Es increible…
Llevaba varios meses sin pasar por un punto determinado del mercado sin motivo ni razón…. Me justifico porque las buenas costumbres de seguridad nos recomiendan-obligan a cambiar las rutas y horarios que utilizamos todos los días, a no hacerlos cotidianos y finalmente la cotidianidad es ir por otro lado y dejas de pasar por una calle determinada sin darte cuenta… y ayer, después del trabajo y al bajar del tap-tap, iba preocupada porque debía encontrar una piececita para arreglar una tapa de un inodoro (en otras circunstancias cambiaría la tapa entera sin pestañear). Recordé que podía utilizar esta ruta que tan fácilmente había obviado para acortar camino hasta la “quincaillerie”.
Lo más grave es que, también sin darte cuenta, dejas de ver a ciertas personas, vecinos, vendedoras. Lo más agradable de buscar el atajo ayer, es que un par de vendedoras y un chaval a los que solía saludar se acordaban de mi… no sólo de mi, soy fácilmente reconocible…
se acordaban de mi nombre… “mami olga” … Conocían mi nombre porque meses atrás yo se lo dije… porque tras tres o cuatro saludos llamando mi atención gritándome “blank”, “blank” me acerqué a ellos, les saludé con un apretón de manos y les dije… “soy “blank” no lo puedo negar, pero me llamo Olga y prefiero que me llaméis así!”
Sus risas se dejaron oír hasta el final del mercado y ayer, las recordaron, se dieron cuenta en seguida de mi presencia y entre risas me llamaron, esta vez por mi nombre (más el mami delante… lo que le da un tono tan cariñoso que me estremece siempre, aunque para ellos sea algo de lo más normal) Me paré a saludarles, me acerqué de nuevo hasta donde colocan a diario su mercancía: un cesto de paja llenísimo de de todo, de cualquier cosa vendible, al borde del desbordamiento (lo que significa que finalizando el día no han vendido mucho).
Pregunté por sus familias, por sus cosas… se seguían riendo y contestaban bien, todo bien,… creyeron que me había ido,… hacía mucho tiempo que no me veían,… se alegraban de verme…
No querían venderme nada, sólo saludarme… Para despedirnos, el chaval, del que desconozco su nombre… me dijo “tu no eres “blank” tu eres mami olga” …es increíble.
…una lección más de la humildad que necesito trabajar a diario y para aprender a mirarme, a mirarnos en los ojos del otro.
Que bueno volver a leerte, mami Olga. Un beso
Felicidades por haber retomado el tranquillo a la pluma…Mami Olga.Dos besos.
Así que vamos por el mercado, intentando hacer no - cotidianas cosas, llegando por no-lugares al no-trabajo, saludando a los no-compañeros, discutiendo con los no-financiadores para que nos den no-subvenciones que permitan a las no-personas acceder a los no-derechos, es lo que tiene los que trabajamos con víctimas de la no-violencia de género, en los bordes del no-mundo que hemos inventado, que todo se mezcla, uno no sabe qué lado es realidad y qué es no-realidad. Besos a ti L&A.