La otra cara de la luna…..
El cambio ha sido sustancial pero me está permitiendo conocer la otra cara de la luna. Este es un país de contrastes por si solo pero si a esto le sumas además todo lo que respecta al mundo del “blan” (forastero… que no blanco, como nos llaman los haitianos a todos los extranjeros ya sea un negro de Nigeria que un caucásico de Italia) entonces tienes la sensación de vivir en dos mundos paralelos e inconexos con demasiada frecuencia y esto rompe almas.
Paso estos días saltando de la cerveza al champán (citando a Nacha Guevara) en un abrir y cerrar de ojos…. Normalmente viajo en tap-tap y una mañana me encuentro yendo a la oficina en un coche del cuerpo diplomático de no digo que organización. Visito Balan, la población más pobre que conozco, me inundo de las miserias de sus habitantes y por la noche fiesta privada de los cachorros de los magnates de este país. Como un arroz con habichuelas por la mañana con los compañeros de la oficina y para cenar un pescado (aquí esto si que es un verdadero lujo….) en un restaurante con los amigos españoles que nos vamos conociendo… Saludo y hablo con mis antiguos vecinos y me cuentan sus necesidades de comida, de trabajo, de no violencia, de agua y pocas horas más tarde puedo escuchar una conversación en la que se discute sobre el color apropiado de un vestido de 600 dólares para ir a la fiesta del futuro nacimiento de la hija de alguno de los dueños de este país…. Esto rompe almas y corazones….
Pero estoy acompañada y esto cura. La comunidad española, los “blan” (por no citar nombres, la lista es larga….) está siendo un regalo para mi. En los días que vivimos, conocer buena gente no es fácil y además conocerlas a raudales, como lo hago yo ahora, es un regalo del cielo. Y no sólo porque conozcan las circunstancias que acompañan al voluntariado y sean generosos conmigo (GRACIAS!) si no porque compartimos discusiones, sentimientos de frustración, problemas de gestión en los proyectos, esperanzas, desilusiones, enfados, abrazos, baile, humores sarcásticos, alguna que otra noche loca y hasta chismorreos. Compartimos con la compañía de una cerveza, una tortilla española, una barbacoa-asado, de un desayuno o de un bien intencionado y casero aperitivo de domingo y sobre todo compartimos la preocupación, el miedo, de que en cualquier momento esto reviente y nuestras almas ya nunca puedan curarse…. Gracias!
NOTA: …lo más duro se queda en las despedidas que ya se han vivido, en las que se vivirán, en lo temporal de estas relaciones… pero esta temporalidad hace que se viva el presente con una intensidad inusitada que forja fuertes lazos y nos educa en disfrutar, en masticar, en saborear el momento (bueno o no tan bueno) y el espacio (sea en donde sea) en el que verdaderamente se vive, se está viviendo.