Jueves 17 de abril, 09:30 en Puerto Príncipe, 15:30 en Madrid.
El personal de la ONU ya no tiene restricción de movimiento, sólo deben de llegar a casa antes de las 20:00 horas.
Hemos tenido unos días moviditos (o paraditos, según se mire). 10 días sin poder salir de casa… miento. El jueves pasado nos dejaron salir a comprar, de 12 a 15 horas, quedaban dos supermercados sin saquear y los listaban a través de la emisora de la radio que poseen todos los trabajadores de ONU. Los dos están en la misma manzana en la que vivo estos días y los que vendrán. El viernes, el sábado y el domingo pasados más de lo mismo. Después de los dos días infernales de la semana pasada en Puerto Príncipe (martes 8 y miércoles 9), el lunes quedaban algunas escaramuzas controladas en algunos barrios.
Otro de los mensajes que se podían escuchar el jueves y el viernes era la enumeración de las escasas gasolineras que habían podido abrir para aquellos que se atrevieran o necesitaran ir a repostar… largas colas de espera no solo de coches, decenas que hacían centenares de personas con bidones de cinco galones…. sus generadores ya no tenían gasolina…. Hoy aun quedan problemas de abastecimiento
Y el sábado pasado fue un día extrañamente duro. Sin manifestaciones, sin tumultos, sin turbas gritando en la calle, cuando muchos de los que llevábamos días enclaustrados nos disponíamos a salir, ver otro paisaje diferente a las paredes de la casa, hablar con otras personas de lo sucedido e intentar cambiar de tema (se hace difícil mantener otro tipo de conversación en estos días) …en ese mismo instante, casi las 4 de la tarde, salta y corre por los teléfonos móviles, por las radios, entre vecinos…de boca en boca, la triste noticia de que un policía nigeriano de la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la estabilización de Haití) había muerto. Iba vestido de civil y con tres compañeras no armadas. La versión oficial: le sacaron por la fuerza del vehículo de ONU, fácilmente identificable, le arrastraron unos metros y ahí mismo le pegaron un tiro, muerto en el acto. Con lo que este sábado que prometía más de una cerveza entre amigos volvió rápidamente al color oscuro que tiñó toda la semana, al encierro, al miedo de salir, de andar por la calle y al mismo tema de conversación con las mimas personas y entre las mismas paredes.
Dicen quienes pudieron recorrer las calles de la ciudad durante esos días del fin de semana que era un verdadero desastre, los destrozos son numerosos y los violentos sabían muy bien dónde y cómo actuar o mejor dicho… dónde no actuar.
Dicen todos los periódicos, el gobierno, las organizaciones internacionales, que la crisis alimentaria mundial, el alza de los precios del arroz y de los cereales (hecho real y comprobable), que ha sido esta carestía de la vida (que ya era cara hace tres meses cuando el arroz costaba el 50% menos) ha sido la que provocó las reacciones violentas de la masa…
Pero no ha sido la masa la que ha paralizado este país, la que ha metido el miedo a su población y a los más de 11.000 extranjeros entre cooperantes, voluntarios y personal de la ONU…Y siendo cierto que Puerto Príncipe acumula alrededor de 2 millones de habitantes que no viven… porque decir que viven aquí con menos de dos dólares diarios es como no vivir. Dos millones de habitantes que tienen todo el derecho a manifestarse, a exigir a su gobierno que reaccione porque tienen hambre, por que mueren todos los días con sus tripas vacías, con el cuerpo desnutrido… Pero ellos no estaban en las calles, estaban en sus casas encerrados como yo porque tenían miedo.
La verdadera razón de esta revuelta queda descubierta por la evidencia y son razones estrategias políticas y no sociales las que han movido, las que han pagado (me juego un dedo meñique) a las cinco o siete mil personas que verdaderamente han estado implicados en estos disturbios. Buscaban una buena causa para terminar de desequilibrar al gobierno, destituir al primer ministro y volver a tener la sartén por el mango… llevan casi un año intentándolo y este era un buen momento… nada más. Lo consiguieron y vuelve todo a la “normalidad”.
Seis muertos, más de doscientos heridos, pérdidas en negocios locales imposibles de calcular y cientos de vehículos destrozados. Hoy es jueves y yo llevo tres días viéndolo con mis propios ojos. Pero estos hechos se difuminan rápidamente en la cotidianeidad paupérrima de este país. En unos días se terminará de diluir con la realidad de todos los días mientras que ahora serán otros los que manejan desde sus despachos el destino de este país. Lo mismos de siempre seguirán sin comer decentemente, seguirán muriendo desnutridos.
El resto son lamentables consecuencias, coletazos de azuzar a una masa con derecho a rugir, una masa que puede descontrolarse si no se la maneja bien, porque de veras tienen hambre… Qué tengan cuidado porque ahora los que son otros, tal vez puedan encontrarse dentro de unos meses con la horma de su zapato….
He vivido todo esto desde una posición privilegiada. Con luz casi permanentemente, conexión a Internet, aunque las veces en que me decía que era “limitada o casi nula” fueron demasiadas y hasta me lo llegué a tomar como algo personal y tenía que releer el mensaje varias veces hasta darme cuenta de que no hablaba de mi, si no de la conexión (esto me lo tomaré como un exceso de protagonismo del que me tengo que tratar). Agua, comida no faltó… alguna cervecilla de más no hubiera venido mal…la próxima vez habrá que calcular mejor….
Me he sentido muy protegida, informada, comprendida por los compañeros, amigos y amigas que se han incorporado a mi vida durante estos últimos meses y por supuesto por los de siempre (familia con o sin lazos de sangre, familia). Amigos haitianos, españoles, trabajadores de la ONU, policías, personal de la embajada, cooperación española, etc. Y me he sentido acompañada, querida en todo momento por el personal (mis queridos compañeros y compañeras) de Fe y Alegría Haití, todo Entreculturas (todo) y la Federación Internacional de Fe y Alegría… GRACIAS VIDA, por ser tan generosa conmigo.