Wednesday, December 5, 2007

con la misma intensidad

No creo que fueran más de 13-15 metros cuadrados por habitación. Seis dependencias… una de ellas sólo con tres mujeres. En las otras cinco se reparten los 150 reclusos de la prisión de Anse-à-Veau…. Un pueblo a unos 145 km. de Puerto Príncipe, a seis horas de viaje en un buen coche.

Un detalle, cuando llegamos el sábado a las 18:00 horas, todos estaban sentados, acurrucados, colocados, en una posición. Sólo veía sombras entre sombras… no había luz.. Me acercaba a una celda, les hablaba, les preguntaba y desde las otras me gritaban cosas en kreyol, cubano y dominicano. Sus piernas, sus brazos, sus manos sobresalían por las puertas enrejadas que al menos permiten entrar un poco de brisa y mover el hedor que emitían sus cuerpos.

El domingo a las 08:00, tras 14 horas, seguían en la misma posición que cuando les conocí. Pude reconocer las sombras del día anterior, expresiones en sus rostros que aun con la luz de un nuevo día estaban llenas de oscuridad. Les ví… les reconocí, vi sus rostros, sus cuerpos casi desnudos y cicatrizados, de heridas de peleas, de maltratos, de sarna… quién sabe! Cuerpos que en algunos de los casos gritaban que no eran mayores de edad pero ahí están. La mayoría esperando juicio, tal vez días, tal vez meses, tal vez años….

Este fin de semana he tenido la oportunidad de conocer otra cara de tantas que tiene este bendito país.. Me invitaron a una salida de urgencia con una Organización Internacional de Reconocido Prestigio. Salida de urgencia motivada por una posible epidemia con diarrea y fiebre. Una urgencia falsa provocada por una malísima gestión del penal… Esta visita ha sido todo un lujo que me hace seguir recapacitando sobre la miseria humana y sobre la bondad y amor que somos capaces de generar, bondad capaz de curarlo todo ¿De qué seremos capaces?

Tras una larga estancia “oficial” en Dominicana, tres locas idas y venidas entre las capitales de la isla, tras los desastres del Noël y sobre todo tras la inmersión que realicé en el mundo de los “sin nombre”, inmigrantes haitianos voluntarios y forzosos jamás reconocidos legalmente y sus descendientes que ya no  logran ser ni de un sitio ni del otro (estos últimos, sencillamente para muchos no existen). Tras este “viaje” al mundo de la ilegalidad, de nuevo llegué a Puerto Príncipe hace unos quince días y como veis sigo viviendo estás últimas semanas antes de volver a casa de visita con la misma intensidad que los primero meses… Llegaré, esperarme!

Posted by Tap-tap in 01:59:58 | Permalink | Comments (1) »