Tuesday, July 24, 2007

Llena!

El domingo pasado comí en casa de Enmanuelle, él me invitó y yo acepté. Vino a buscarme con sus dos niños, con sus dos alumnos como dice él.  Su casa está cerca, muy cerca de la mía…. pero qué diferentes! Sin camino definido, como si fueras andando por un bosquecillo y atravesando un enjambre de pequeñas chabolas  llagamos a su casa. Antes atravesamos dos o tres patios de casitas de vecinos, en uno las mujeres lavaban la ropa, se lavaban ellas, se peinaban unas a otras. En otro unos hombres jugaban al domino en una mesa improvisada con un barreño roto, un cartón rígido y unas piedras como asientos y para llegar a su puerta pasamos por delante (o por el medio…) del salón de una anciana vecina… en donde parecía abandonada, dejando pasar el tiempo junto a un gata que acababa de parir.

 

La casa de Enmanuelle es pequeña, cuatro muros, una puerta y el techo de uralita. Un mínimo y único espacio separado por una tela a modo de cortina donde comen,  duermen, lloran, pelean, juegan y se aman… los cuatro. En una de las paredes aun se notaba la mancha clara que dejó la ausencia del cuadro que Emanuelle me regaló hace un par de semanas. Beatriz, su esposa, cocinaba en un quemador de carbón, fuera de la casa, en un reducido patio que intentaban hacer más cálido y privado a las miradas de los vecinos con un par de tiestos con plantas grandes.

 

Enmanuelle rondará los 40 años, bajito y muy delgado. Es un hombre culto, sabe hablar un poco de español y un poco de inglés y como sabéis, no tiene trabajo. Sus hijos tienen seis y tres años y el año que viene no sabe si los podrá llevar al cole. Beatriz, su esposa, parece más joven que él y aunque me recibió con una sonrisa no dejaba de mirarme con ligera desconfianza que desaparecía con cada una de las cucharadas de me metía en la boca. (comimos trigo cocinado con alubias y verduras, estaba realmente delicioso y no lo pusieron picante….)

 

Seguramente mi presencia en su casa haya sido un esfuerzo grande para ellos, hacer más comida de la diaria… pero he confirmado con compañeros de la oficina que el hecho de que yo haya sido capaz de aceptar su invitación a ellos les ha llenado de orgullo, les ha hecho muy felices…. No, señores, no! Yo soy la que salí de su casa llena de felicidad, llena de gratitud, llena de su sencillez, llena de su humildad, de su cariño, de su naturalidad, de su generosidad, de su pobreza…. Llena!

 

Hemos quedado que la próxima vez yo voy a cocinar para ellos…. y espero seguir llenándome y entonces llenarles a ellos.

Posted by Tap-tap in 15:54:53
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