Toda relación comienza con un saludo. Hay muchos tipos de saludos y causas que lo provocan. La mayor parte de las personas me saludan lo hacen por cortesía, por educación.
El barrio es como un pequeño pueblo en el que todos se conocen y yo ya comienzo a ser uno más. Pero a esto le tenemos que sumar que soy blanca y por aquí, los blancos, despertamos mayor curiosidad, temor, atracción y sobre todo la seguridad de que tenemos algo que ofrecer.
Ya ha hablado de la faraona. Esa mirada, ese porte. Ya la conocéis…
Algunos de los que saludan por las mañanas se que lo hacen porque, al fin, es bueno tener “amigos” blancos. Otros saludan porque sus hijos tuvieron la curiosidad de saber quien era yo, como si fuera un personaje sacado de un cuento, (les vi como disimulaban codazos, tiraban del vestido de sus madres y se preguntaban). Al fin una de las niñas, Mirly, se atrevió a saludarme… “american?” “No!, no! española!” Y tras semanas de …”buenos días”, “buenas tardes”, “que tengan un buen día”, “hasta mañana” a ella y a toda su familia…. ahora me dicen un “Bonjou, cheri” entonado con dulce cariño. Me lo dicen todas las mañanas con una sonrisa tan grande que creo que de veras se alegraran al verme. Yo también me alegro.
Hace unos días un hombre que llevaba a su pequeño al cole, me alcanzó, me saludó y me acompañó un trecho del camino hacia la oficina. Me preguntó primero en inglés…yo contestaba en kreol… luego en francés… volvía a contestarle en kreol… … y finalmente me habló en español… yo siempre le hablé en Kreol, lo juro! Me saludó muy amablemente, me contó donde trabajaba, lo que hacía. Emmanuelle enseñaba a leer y a escribir a los niños en un hospital….No quería nada… …nada,… …nada más que trabajo, nada más que un empleo… porque ya no “trabajaba”, ya no “enseñaba” y pensó, sólo por el hecho de que fuera blanca, yo, le podía ofrecer trabajo….”No puedo Emmanuelle!”, pero esperé que me siguiera saludando todas las mañanas…. Emmanuelle sigue saludando.
Hay tres niños de 4 a 6 años, a los que saludo todas las tardes, me paro un momentito con ellos e intento entender todo lo que me dicen, al príncipio susurrando y esquivando miradas… Tras la segunda petit-conversación ya alzaban un poco más lal voz, ya se les iban las vergüenzas, ya miraban a los ojos. Y ya, así, pronto, sin perder un solo segundo más, se atrevieron a pedirme que les llevara una radio …¡ni si quiera les ofrecí un caramelo! Y aunque nunca apareceré con la radio y ellos ya lo saben…. cuando me ven llegar, no dejan de dibujar una lenta sonrisa en sus caras hasta que la abren del todo y terminan por enseñar los dientes. Comienzan a saludarme desde lejos…. No van a la escuela.
Y qué deciros de la faraona… que ya sonrió. Pero mantiene la distancia. No es tan cercana como otros, como otras…. conserva esa mirada llena de dignidad que algunos días me parece altivez… Ella nunca pedirá nada. Yo le seguiré ofreciendo la mejor de mis sonrisas todas las mañanas y ella la devolverá sólo cuando quiera. Pero cuando lo hace yo sonrío desde lo más dentro. Gracias Faraona! Gracias Jakson, gracias Stephan, gracias Mirly, gracias Emmanuelle, Gracias por vuestras sonrisas! Por vuestros saludos que me hacen sentir en casa!